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No sabemos con seguridad si fue debido a la niebla y al cielo plomizo con que nos obsequió el día, si a que agosto es el mes de vacaciones por excelencia o a las numerosas fiestas que se desarrollan en los diferentes municipios de la comarca y que obligan a muchos de nuestros deportistas a acostarse a altas horas de la madrugada, lo cierto es que a la cita faltaron algunas de las figuras representativas del Club. Entre las ausencias más significativas se hacía notar la del actual campeón de la 23, Ángel León probablemente disfrutando de las vacaciones en su tierra vasca.
Una vez pasadas las pertinentes verificaciones y controles, el grupo se pone en marcha a ritmo tranquilo y de charla hasta que en la bajada hacia Sada pasa lo que se temía que pudiera pasar, que no debiera pasar y que era inevitable que pasara.
Que el grupo de la élite puede ir rápido es algo sabido y demostrado hace tiempo. Que se dan caña hasta en los repechos más insignificantes y que no hay días de relajación para ellos, es algo que sufrimos, Que son capaces de sufrir, sacrificarse, entrenarse hasta la extenuación para poder joder más, mejor y a más es algo que tememos. Pero lo que no sabíamos es que esto no lo pueden controlar, que no lo dominan, que se les ha escapado de las manos y los esclaviza. Que cuando lo que se trata es de hacer 23 km/h de media sin ningún tipo de ayuda para el control del tiempo, velocidad o distancia. Que cuando el objetivo no es dejar a los demás, ser el más rápido o el que mejor sube, ellos, a pesar de ser tan competitivos que les gusta ganar hasta a las chapas y de no respetar a enfermos, gordos ni cojos, no pueden dejar de ir a tope.
El primero en saltar fue José Manuel. En esta ocasión bajando. Al salir de Sada ya sacaba una distancia al grupo de más de un minuto que llevaba una media de 24,8 km/h. Lo perseguía como podía el cronometrador y juez y cuando parecía que se dejaba coger en Gandarío, salta Julio, lo alcanza y se van los dos.
¿Y que es de Javier el saltador oficial?¿Es que ya se puede controlar?¿Y el Ave Félix "el demostrador"? ¿Podrá pasar sin exhibir su estado de forma?. El cronometrador sigue en la distancia, porque no puede de cerca a los escapados seguido de Arturo Quíntela. El líder del grupo cardiosaludable abandona a su gente en pos de los escapados. ¿Será que una media de 23 será perjudicial para la salud?
Ante la sorpresa de todos, al llegar a las Angustias, los escapados dan media vuelta y con la misma intensidad van a reencontrarse con el grupo. El cronometrador aprovecha y se va para delante en previsión de futuras dificultades, circunstancia que aprovecha Arturo para irse con él e incluso dejarlo. No tardarán en ser alcanzados de nuevo en Montellos por José Manuel y Julio que esta vez sí vienen acompañados por Javier. Esta vez no ha podido resistirse. Tampoco Félix que llega un poco más tarde haciendo alardes. Se van. Se van todos menos el cronometrador junto el que llega Isaac. ¿Qué va a hacer este chico con los ejemplos que tiene delante? Llegan a Carral con una media de 25,6 kim/h y son advertidos del peligro del fuera de control si llegan a meta antes que el cronometrador.
Quedan sólo seis kilómetros y ya no pueden ir tan fuerte sin correr el riesgo de ser descalificados. La adrenalina que acumulan hace estragos.Se muestran nerviosos, se descontrolan y pierden los papeles. Bromean. Bacilan. Tratan de liberarse de la tensión que les provoca el ir despacio.
Pero más tensión tiene el grupo cardiosaludable, el que controla. Vienen concentrados calculando tiempo y distancia. Son especialistas en la media de 23, pero en Carral un conductor, no se sabe si imprudente, descerebrado o asesino les afeita las piernas con el coche. En seco.
Cabreo, discusión, linchamiento, tensión, descontrol. El caso es que este incidente les quita la concentración, pierden las referencias y es como si el trabajo realizado anteriormente no sirviese para nada. Hay que replantearse la estrategia.
Mientras la élite llega a las inmediaciones de la meta. Son conscientes de que han venido rápido y que la media de 23 la han superado con creces. Pero ¿cuánto tiempo deben de dejar pasar antes de cruzar la línea de meta.¿Quién será el primero en atravesarla? ¿Quién no aguantará el estar parado?.
Tiene que ser difícil el esperar para alguien que nunca espera, que cuanto puede se va. Tiene que ser duro para el que le gusta ser el primero en cruzar la meta tenerla ahí delante, al alcance, incitándolo, tener la oportunidad y resistir, controlarse. ¿Quién será el primero en ceder? Pues el primero en atacar siempre. Julio naturalmente. El hombre del plato resiste muy poco, casi nada y entra el primero. Le gusta. Le sigue Arturo. Sí, Arturo Quíntela. Sabe que las tensiones también son malas para la salud y decide poner fin a las suyas. Pasa y que sea lo que el cronómetro quiera. Le sigue Isaac que esta vez no sabe a quién hacer caso.
Félix lleva ya aguantando demasiado tiempo, un minuto diecinueve segundos para ser exactos. Mira a Javier que se contiene, pero la meta lo incita, lo provoca y entra. ¿Cómo?. Esprintando naturalmente. Un sprint contra el mismo ... y lo pierde.
Javier está desconocido. No salta. Se controla. Mira a su gurú José Manuel que sentado y con respiración profunda observa los acontecimientos y espera. Pero puede más la insistencia de Félix que casi le obliga a entrar y dejándose llevar traspasa la meta.
Pasan más de dos minutos y medio desde que entró Julio cuando se ve llegar al segundo grupo. Viene uno destacado. Ferreiro no quie re compartir el posible triunfo y se adelanta para entrar en solitario. Es cuando reacciona José Manuel, coge la bicicleta y le da tiempo a entrar justo por delante de Ferreiro. Treinta segundos más tarde entran juntos Juan y José que, si han venido juntos durante la prueba, deciden entrar juntos. No lo hace así Julio Naya que en el último momento decide arriesgar, frena y entra dos segundos más tarde.
Ha sido el último en entrar en la meta, pero ese gesto le ha valido para ser el primero en la prueba.