BREVET DE 200 KM
Ruta del Prestige. Pola Costa da Morte.
24 DE MARZO
BREVET DE 300 KM
Polas cabeceiras do Eume e Miño
21 DE ABRIL
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La jornada vino marcada por las predicciones de los distintos medios de comunicación que en sus informativos, y sin excepción,anunciaban la irrupción por Galicia de una borrasca que traería viento, lluvia y bajada de temperaturas.
Una leve esperanza pareció nacer entre los participantes al ver que el sábado no fue tan negro como lo habían pintado y la lluvia, aunque amenazante, no hizo su aparición por la comarca.
Dieron las seis de la mañana del domingo y la lluvia dejaba oír tras los cristales su monótono e inacabable golpeteo contra el asfalto y los numerosos charcos que se habían formado duran te la noche.
Y paró de llover. Sólo para que los más arriesgados se decidieran a salir de casa y los más incautos y confiados dejaran chubasqueros y guantes en sus armarios. Había expectación por ver quién desafiaría la borrasca.
Las dudas se despejarían a la hora de comprobar el control de firmas. Faltaba la de Manuel Prieto, uno de los líderes y honorable. Había presentado un certificado conforme era imprescindible su presencia en el trabajo. Faltaban también Antonio Ferreiro y Félix Calvo con sendas lesiones de rodilla y Santiago Gestoso ocupado por prescripción facultativa, en mantener caliente el nido conyugal y por haber padecido durante la semana de principios de lumbalgia.
La temporada, pues, pese a estar en sus inicios, se va cobrando ya sus primeras víctimas.
Comentario aparte merece el caso de César Pérez, pues a pesar de haber sido visto por muchas personas en la salida, su firma no aparece en el control, y es que hechas las pertinentes averiguaciones parece ser que cuando vio llegar a la salida a Julio, Ismael y Emilio, miró al cielo, dijo que hacía mal tiempo, metió la bicicleta en el coche y se marchó. Y es que . . . con este ciclista ya llueve sobre mojado.
Una vez cortada la cinta de rigor se pone en marcha el diezmado pero valeroso pelotón compuesto por nueve ciclistas. Juan, Julio,Emilio, Antonio, José Manuel, Ismael, Javier Miguel que es cogería este día para hacer su primera clásica y Fernando que aparecería a ultimísimo hora.
Con un tiempo incierto, en el que a ratos caía una lluvia poco decidida y a veces escampaba, el pelotón compacto y comandado por Emilio, que marca el ritmo en estos primeros kilómetros, supera sin dificultades el Muro de la Flex.
No habrá mayor historia hasta que en el Muro de Coirós Miguel toma el mando, acelera el ritmo y se va seguido por Antonio. El grupo deja hacer y sube Coirós siguiéndolos a poca distancia. Julio, el impetuoso, se pone nervioso acelera el ritmo colocándose en posición intermedia. Por detrás Javier pierde contacto y se pierde él. No se volverá a saber nada del mismo. Es la primera baja
En el intramuros el grupo coge a Julio y se acerca a los fugados. Nada más comenzar el Muro de la Sal, salta José Manuel y detrás Ismael y Juan.
Coronando el Muro se forma un grupo formado por Juan, Antonio, José Manuel, Miguel e Ismael. A cierta distancia los sigue Julio y un poco más atrás Emilio. Fernando se queda, segunda víctima.
Una vez coronada la Sal, Julio y Emilio, dos excelentes rodadores, se juntan. A más de dos minutos les preceden los gallos, todos juntos. Por delante los Badenes de la Incertidumbre, más de veinticinco kilómetros de repechos y el tiempo empeora. Llueve más y el frío es más intenso.
Una pregunta se plantean todos los aficionados.¿Serán capaces estos dos indios de coger a esos cinco gallos unidos?. Desde luego lo van a intentar porque se ponen a tirar.
Pasan los kilómetros hay veces que parece que la distancia se reduce, en que al empezar un repecho están más próximos pero al coronar lo parecen alejarse.
Pasan la Castellana y Julio y Emilio parecen haberse coordinado y hacen unos relevos bastante equilibrados.
Por delante, el grupo es demasiado desigual y los relevos descompensados
Se acerca el límite de provincia. Cada vez quedan menos kilómetros para cazar y es cuando Julio encomienda su mierda a lo más alto, baja al once, se le hinchan las venas del cuello y da un relevo desesperado. Emilio le sigue encomendándose a la parte limpia que queda del cielo.
Llega el límite de provincia y ciertamente los perseguidores se han acercado considerablemente
Falta poco para Guitiriz y Juan, viendo como los indios se acercan y con ello alejarse la posibilidad de colocarse como líder solitario de la Copa Riazor, da un relevo que descompone al grupo, haciendo que Ismael y Miguel pierdan contacto. La respuesta no es suficiente y a dos kilómetros de Guitiriz Emilio y Julio cogen y rebasan a Miguel y a Ismael, alcanzando a los gallos que ceden, bajan el ritmo y entran todos juntos en Guitiriz.
La jornada no habría tenido más historia sino llega a ser porque la vuelta se iba a convertir en un infierno.
El viento, ahora de cara, incrementaba su intensidad y lanzaba con virulencia la lluvia cada vez más intensa contra los ciclistas. El frío hace estragos entre los que no trajeron guantes y chubasquero. La situación que se plantea es dura, tocará sufrir todavía un poco más. Y es en ese instante cuando en medio de la tormenta aparece el protector del Riazor.
San Cristobal en medio de una luz que disipa las tinieblas acoge bajo su manto protector al grupo protegiéndolo del viento y que marchará reconfortado detrás de él. Julio se declara agnóstico y se va por delante en solitario sin miedo a nada.
Pasa y no parece percatarse de la presencia en la orilla de la carretera de un bulto sospechoso. Es Fernando que arrodillado en el arcén invoca la intercesión de la infinita bondad divina. San Cristobal, tal y como había hecho en numerosas ocasiones en el pasado, lo acoge en su seno ahorrándole a él y al grupo sufrimientos innecesarios.
Aún tendría que hacer San Cristobal algún milagro más, como proveer de guantes y chubasquero a Juan que iba dando lástima con el frío que lo mermaba. Y darle una rueda a Miguel que pincharía cerca de Montesalgueiro.
Ya cerca de la Sal y sabiendo a todos a salvo, San Cristobal se va llevando a Fernando a los cielos. Es cuando el agnóstico, viendo que el grupo queda sin protección, ataca bajando la Sal y ataca bajando Coirós, pero Emilio, hecho a seguir su rueda, lo marca y le hace desistir del empeño.
Será en Cortiñán donde Antonio y Miguel quieren repetir la historia de Coirós, pero esta vez se llevarán a los indios. El grupo, exhausto, no reacciona y Miguel da muestras de flaqueza y se queda. Los tres se dirigen con determinación a la Flex. Julio parece querer ceder pero animado por Emilio, hace un último esfuerzo y entran juntos a pocos metros de Antonio.
Estamos seguros de que si la Clásica llega a ser hasta Lugo, estos dos, con la fuerza que demostraron tener, hubieran dejado al pelotón y se hubieran plantado en solitario en la capital lucense.
Una jornada, pues, que glorifica este deporte y de las que hay que guardar en vídeo para contar a los nietos. Si se lo creen.