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EL GATITO DE FLANDES. MONSIEUR PAVÉ

miliblan
Crónica subida por: miliblan
EL GATITO DE FLANDES. MONSIEUR PAVÉ

 

Cuando a finales de la temporada pasada comenté los planes de participar en el Tour de Flandes a algunos de mis compañeros no fueron pocos a los que no sólo no les gustó la idea sino que además estaban dispuestos a acompañarme en este duro pero apasionante reto.

Lo había visto muchas veces por televisión. Doscientos cincuenta y cinco kilómetros con 19 muros, alguno con desniveles del 22 % y numerosos tramos de pavé. Indudablemente había que ir bien preparado.

Con este propósito comencé mi preparación a mediados de Diciembre.

 Realicé los pesados dos mil kilómetros de aburrido y tedioso platillo haciendo cadencia, para pasar a aumentar paulatinamente los kilómetros por salida. Cada quince días aumentaba quince minutos el tiempo de mis salidas, pasando de cuatro horas a las seis del final de la preparación que culminé con un test de doscientos kilómetros en solitario a 29 km/h. de media y del que me quedó un molesto dolor de cuello. A pesar de todo consideré que estaba suficientemente preparado sobre todo después de haber disputado la Clásica de Bergantiños en la que hubo hachazos por todas partes y donde tuve que ponerme a tope.

Lo deportivo estaba controlado pero no así la infraestructura necesaria ya que a medida que se iba acercando la fecha de la marcha se iban dando de baja uno a uno y por motivos varios todos aquellos que habían estado dispuestos a acompañarme. A falta de ciclistas que me acompañasen en el recorrido era urgente encontrar un chofer que me ayudara a desplazarme a Brujas. Lo encontré en el bueno de Rafa Rivero y sin el que todo mi esfuerzo se habría ido al garete. Hizo de chofer, de avituallamiento, de fotógrafo, director de equipo, de acompañante...

Salimos el jueves tres desde Lugo a las once de la mañana. Nuestra idea era conducir diez horas y buscar hotel. Nos dieron las diez en Tours y allí mismo pernoctamos. Al día siguiente, viernes, a la una estábamos comiendo en Gante. Hora temprana para los españoles, pero un poco tarde para el lugar. El resto de la   tarde se fue en inscribirme, pasear, disfrutar de unas pintas de una buenísima cerveza y a dormir.

Me parece mentira. Por fin estoy en la salida. Son las ocho y media de la mañana con buen tiempo y una temperatura de cinco grados. Llevan saliendo ciclistas desde las seis y media ya que esta es una salida del tipo de la Bilbao-Bilbao. Pienso que es una idea excelente ya que de esta manera no hay aglomeraciones y no se corre tanto peligro.

No me lo creo. Ya estoy rodando por las afueras de Brujas camino de Eeklo. Sopla un viento a veces fuerte y gélido. Estreno los primeros tramos de pavé. Ya sé que la mejor manera de pasarlos es metiendo desarrollo y apretar, pero no estoy del todo convencido. La bici parece una tía, va por donde le da la gana.

En pleno pavé me pasan unos belgas. Vaya pinta de rodadores Me decido a seguirles. El viento que hasta ese momento lo llevábamos de cola, nos da ahora de costado. Los belgas forman un abanico y me permiten entrar. Salvado. ¡Que gozada!. Cómo ruedan estos tíos. Llegamos al avituallamiento del kilómetro ciento diez con una media de 38 km/h.¡Qué pasada!.

Desde ese punto empezamos a rodar por carril bici en carretera normal y con bastante tráfico. Hemos pasado varios tramos de pavé en llano y mis muñecas y otras partes que prefiero omitir ya empiezan a resentirse. Llegamos por fin a los primeros muros duros y después de tanto llano y desarrollos altos, subir tramos de pavé al 15 y 20 % resulta duro y complicado. Sentado, la bici se encabrita y de pie patina.

A pesar de todo la moral es alta y van pasando los kilómetros y los muros  hasta que llegamos a Koppenberg. Solo verlo asusta, 22% de pavé. Mucha gente lo sube caminando con lo que entorpecen el paso y hacen más dificultosa la subida. Por tres veces me patina la rueda pero corono y lo hago con un tremendo dolor de triceps de tanto tirar del manillar.

Estamos en el kilómetro 187 y ya pesan. Aparece el segundo avituallamiento y se agradece.

La ropa del Riazor me delata y con acentos un tanto extraños voy recibiendo alusiones al Depor. Es inevitable. Quedan 40 kms. y empiezo a pensar en el Muur-Kapelmuur más conocido como muro de Grammont, ése es el nombre del pueblo donde está. , el preferido por los pros para atacar. Y con 240 kms en las piernas llega. Lo he visto tantas veces en la tele que lo podría subir con los ojos cerrados. El dolor de piernas me devuelve a la realidad y hay que apretar los dientes y otras cosas para no echar pie a tierra.

Queda una sorpresa final, el muro del bosque también en pavé. Son 475 metros al 8,4 % de desnivel de media y un 11 % de máximo. La madre que lo parió. Qué dolor de piernas.

El viento sigue molestando, ahora de cara, en los kilómetros finales. La prueba termina en la meta de los pros. Los que pueden gritan y en mi grupo nos felicitamos todos.

Increíble, no he visto a un español y somos más de diez mil. Todos los sacrificios han merecido la pena. Creo que es una prueba ideal para hacerla en grupo y disfrutar del recorrido. Se puede hacer incluso con menos kilómetros de los que yo llevo. Además siempre hay la opción de los tres recorridos, 75, 140 y 255 kms. ¿Quién se anima?. Yo estoy dispuesto a repetir.

 

 

“Aquí tienes que llegar al ciento por ciento y ni siquiera eso te asegura estar delante. Hay que intentar tener fuerzas para estar arriba con los mejores, pero también dependes mucho de la suerte, de evitar caídas, de no tener averías ... El recorrido se endurece con los muros y el pavés, que es donde se decide la carrera, aunque también influye bastante el viento y el clima frío. Los belgas son auténticos especialistas, corren en casa y saben como es el terreno. Yo no la he corrido nunca, pero tengo curiosidad y quizás participe este año para conocerla, aunque no creo que pueda puntuar.”     IGOR ASTARLOA