BREVET DE 200 KM
Ruta del Prestige. Pola Costa da Morte.
24 DE MARZO
BREVET DE 300 KM
Polas cabeceiras do Eume e Miño
21 DE ABRIL
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No fuimos capaces de vernos hasta estar en la misma salida. Salimos en el segundo grupo de quinientos a las diez menos diez de la noche. Allí nos deseamos suerte todos y nos despedimos.
A los pocos kilómetros ya nos empezó a llover. Quise ir con los asturianos porque eran veteranos, íbamos rápido en un grupo de más de cien. Se colaron los primeros en un cruce y allá nos fuimos todos. Dimos un rodeo de más de veinticinco kilómetros y no sería la única vez ni los únicos que nos perdiéramos. Innumerables luces rojas ocupaban toda la carretera hasta perderse en el horizonte.
Pedalee con Manu de la Asturiana todo el día. iba fácil, sin forzar y sin mucho desarrollo. Pasábamos a grupos y más grupos y todo el día sin dejar de llover. Llegamos a Loudeac y nos avituallamos en el autobús. Allí veo que han abandonado la mitad de los asturianos.
Seguimos hasta dormir en Car-haix-Plouger a ochenta y ocho kilómetros de Brest. Increíble. El segundo día decidí ir solo, más despacio y haciendo fotos. Durante la primera hora me dolieron muchísimo las piernas. Entré en Brest con sol. Comí y de vuelta para París.
Emocionado me dirigía a París y veía a montones de ciclistas camino de Brest. Llueve de nuevo y ya no parará. Empecé a notar dolor en los talones Cada vez me iba a más. Yo ya contaba con pasar dolor y estaba preparado para aguantarlo, incluso estaba sorprendido de haber ido tan bien hasta aquel momento. A las ocho llego al autobús, en Loudeac. Como y bebo. Me dan un neurofren para la tendinitis. Me dicen que Manolo pasó hace una hora. Me entero del abandono de Arturo. Yo me encuentro tan bien que voy a tirar para delante hasta que me dé el sueño.
Sigue lloviendo, a veces intensamente, durante muchos trayectos voy completamente solo en el medio de la noche y la lluvia, buscando con mis luces en cada cruce las flechas que me indican el camino a París. Sensaciones únicas.
Después de descansar y comer en Titeniac me pongo en marcha y a los pocos kilómetros noto una presión en el cuello que hace que sienta mareos al levantar la cabeza para ver la carretera. Estaba definitivamente tocado pero yo no lo sabía. Tenía que llegar hasta Fougeres y allí descansar. Conseguí llegar a las siete de la mañana después de tener que parar cada pocos kilómetros, de refugiarme en paradas de autobús y carpas, de luchar para no caerme de la bicicleta. Allí intenté comer, dormir y descansar. Todo fue imposible. Me propuse llegar a Villaines donde estaba el autobús.
Fueron noventa kilómetros de un auténtico suplicio. Mirando al suelo sin poder levantar la cabeza, parando cada pocos kilómetros para relajar el cuello. Y de piernas y fuerzas estaba bien. Con mucho sufrimiento conseguí llegar a Villaines. Estaba contento, pasé el control y abandoné. Eran las cuatro de la tarde. Para mí había acabado la PBP.
Había recorrido mil kilómetros, me faltaban doscientos con más de veintiocho horas para hacerlos, pero la PBP se consigue hacer con la cabeza y la mía ya no estaba en eso. La mía ya estaba en conseguirlo dentro de cuatro años y espero que con más riazores